Aquí estamos nuevamente con la seguidilla de artículos del “como hacer y no morir en el intento”. Esta vez veremos a nuestro fiel y mal utilizado correo electrónico.
¿Qué me quiso decir?

Interpretación del correo electrónico
La tecnología nos permite comunicarnos más rápido, pero no siempre mejor. Al no tener la riqueza visual y gestual del interlocutor, hay sólo un cerca de un50% de probabilidad de entender bien lo que se quiere decir.
Seguro que a usted le ha pasado: Ha recibido un correo electrónico y no sabe a ciencia cierta qué fue lo que quiso decir la persona que le escribió. “No trabajes tanto”, le dice su jefe. A usted el comentario le cae como un balde de agua fría. ¿Fue irónico? ¿Significa que se ha dado cuenta de todas las veces que se para a fumarse un cigarrito? ¿O quizás cada vez que pasa por su computador lo pilla en MSN o facebook? No cabe duda. Le envió el mensaje sarcásticamente, para que se ponga las pilas.
O puede ser también que, por esas cosas de la vida, su jefe le ha escrito porque está preocupado de que usted todos los días se queda hasta tarde trabajando.
Pero, ¿cómo saber con certeza qué le quiso decir? Esto es algo muy difícil por no decir imposible, Podríamos decir que hay un 50% de probabilidad de entender bien un e-mail. Lo mismo pasa en la mensajería instantánea o los mensajes de texto.
También un considera que las personas creen haber comprendido bien un mensaje recibido el 90% de las veces.
Para realizar el estudio, juntaron a treinta parejas de universitarios y les dieron una lista con 20 afirmaciones sobre distintos temas, como la comida de la cafetería o el clima. Cada persona le envió un mensaje a su socio, asumiendo en algunos casos un tono serio y, en otros, irónico. “La gente piensa que la emoción que transmiten en sus mensajes es obvia porque de alguna manera lo “escuchan” en su cabeza en la medida en que están escribiendo”, señaló Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, quien condujo el estudio junto con Justin Kruger, de la U. de Nueva York.
Pero no es tan fácil. El receptor debía señalar la motivación tras el mensaje e indicar el grado de certeza que tenían sobre ésta. Sólo en la mitad de los casos hubo correspondencia entre el tono asignado y el percibido.
Los investigadores notaron que quienes leían los mensajes solían interpretarlos de acuerdo con su propio estado anímico y expectativas. ¿La razón? El egocentrismo. ¿Me entendió?
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